Por Alejandro Maidana para «Conclusión: Libertad con responsabilidad».

Con un sabor agridulce y con la certeza de que solo se trata de una ordenanza edulcorada en tiempos electorales, la Multisectorial Paren de Fumigarnos brindó detalles sobre la renovada normativa. “Se presentó como un gran logro, cuando en realidad no lo es”, indicó Sergio Gorosito, integrante de la organización y vecino de Andino.

La disputa sobre qué tipo de modelo de producción se necesita para dejar atrás la ignominia de la pobreza y la concentración de privilegios sigue escribiendo nuevos capítulos. Mientras que las exportaciones agrícolas continúan batiendo récords, el número de los excluidos en la república del monocultivo avanza de manera sostenida. La ecuación es muy clara: por este camino no hay salida para las mayorías, sí un sendero espinoso que solo puede conducir al cadalso.

La especulación y el avance incesante del latifundio en distintas partes del país, ha construido una realidad benefactora para muy pocos que muestra, explícitamente en el accionar espurio de una empresa como Vicentin, su verdadero rostro. Argentina es un país con la enorme capacidad de producir alimentos para diez veces el número de su población, pero solo produce bienes transables, bienes de mercado, commodities. Por ello no es azaroso que siete de cada diez pibes hoy se encuentren por debajo de la línea de pobreza, y sin la certeza de poder contar con un plato de comida diario sobre su mesa. Deleznable.

Pero claro, este modelo productivo agroexportador no solo empuja profundos impactos sociales vinculados a los desalojos campesinos, migraciones internas y la concentración masiva de personas que, obligadas, han tenido que abandonar la ruralidad para aglomerarse en distintas villas miserias, también debemos hablar del creciente impacto ambiental. Allí golpea otro de los tentáculos del agronegocio, dejando tierra arrasada, atentando contra la biodiversidad y envenenando la vida, gracias a las aspersiones con agrotóxicos.

Pueblo Andino y una nueva ordenanza con sabor a nada

La reciente ordenanza sancionada por la comisión comunal de Pueblo Andino deja en la población dos sensaciones. Por un lado, demuestra que fue y sigue siendo la organización y la presión de las vecinas y vecinos lo que obliga a las autoridades locales a dejar de mirar para otro lado en los temas más importantes, los vinculados con la salud.

Por otro lado, evidencia el poco compromiso real y nulo coraje para avanzar seriamente en legislaciones que definitivamente preserven la salud de la población y el cuidado de los territorios. “El presidente comunal José Rubén Abraham no solucionará nada con la nueva normativa que aleja las fumigaciones 50 metros más de los 100 de la anterior. La realidad de quienes padecen las fumigaciones, no cambiará con tan mezquina ordenanza. Esto habilita a quienes habitan la zona, a sospechar sobre la complicidad del gobierno comunal con el “agronegocio”, sostuvieron desde la Multisectorial Paren de Fumigarnos.

La mal llamada «Regulación sobre actividades de aplicación de fitosanitarios, promoción de sistemas alimentarias agroecológicos periurbanos y desarrollo de corredores biológicos” N° 41/2021 sancionada el 13 de octubre del corriente año, no es otra cosa que una decisión edulcorada en tiempos de elecciones. Si tomamos como referencia distintas investigaciones impulsadas por la ciencia digna, la realidad que nos imponen las aspersiones con agrotóxicos que provienen de la actividad agropecuaria, es mucho más compleja para resumirla solo en metros de exclusión.

La falacia de las BPA (Buenas Prácticas Agrícolas) choca de frente contra las derivas que se desprenden de las aplicaciones, si tomamos como referencia que se ha encontrado glifosato en los hielos de la Antártida, nos empuja a afirmar desde el más llano sentido común, que no pueden existir buenas prácticas, si lo que se utiliza es veneno. Sergio Gorosito es uno de los tantos vecinos fumigados de Andino, como integrante de la Multisectorial Paren de Fumigarnos, brindó su punto de vista sobre la “embellecida” ordenanza en diálogo con Conclusión. “Tomamos la decisión de manifestar nuestro descontento porque esta ordenanza se ha presentado como un gran logro. Sumado a que la práctica agroecológica a solo 150 metros de un campo fumigado, es impracticable, y Andino para nada es pionero en esto, ya que en muchas partes de la provincia se viene produciendo sin venenos teniendo zonas liberadas de agrotóxicos que van entre los 500 y 800 metros”, indicó.

«La agroecología no puede subsistir al lado de un campo que es fumigado»

Si bien es preciso destacar que la amplificación de las luchas contra el actual modelo de producción y su paquete tecnológico es muy concreta, la resistencia aún no ha podido tornarse masiva, ya que se trata de la salud del conjunto de la población. “Solo un grupo de vecinos consideramos que esta ordenanza tiene sabor a nada, el resto celebró lo que fue presentado como un logro para todas y todos los andinenses. En lo particular me llevó un tiempo procesarla, otros la rechazaron automáticamente, mientras que el resto la aceptó sin titubear. Una vez desasnada la ordenanza, pude sacar distintas conclusiones, una de ellas tiene que ver con que la agroecología no puede subsistir al lado de un campo que es fumigado”.

«Difícilmente puedan respetar la nueva distancia, aquellos que jamás lo hicieron con la anterior«

El proyecto original hablaba de 250 metros, pero la nueva ordenanza ancló su perspectiva en 150, algo que claramente va en desmedro de la transición agroecológica, sin olvidar que la misma no deja ser regresiva e inconstitucional, ya que la ordenanza provincial contempla un resguardo de 500. “Con respecto a esto, es preciso destacar que existió una reunión en la que intenté participar, pero no fui invitado, mi intención era poder socializar con las y los vecinos, que no se puede producir sin venenos teniendo a pocos metros a los mismo con sus distintas derivas. También tenemos que marcar que la ordenanza habla de darle impulso a la producción agroecológica; la tierra necesita al menos tres años para regenerarse, y mientras se la siga fumigando a corta distancia, sumado al daño generado durante décadas, será imposible. La problemática radica que, si en un campo se intenta producir de otra manera, con las condiciones antes mencionada, casi con seguridad será un fracaso, y de eso pueden validarse otros productores para no avanzar en la agroecología. Difícilmente puedan respetar la nueva distancia, aquellos que jamás lo hicieron con la anterior. Hay que salir a defender no solo la salud de la población, sino también la producción agroecológica, que de esta manera nunca será libre de venenos, ya que difícilmente se adapte a las condiciones de la tierra arrasada, y de adaptarse, crecerá con el veneno de la soja de los metros linderos”.

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