En la actualidad, y después del retiro de los EE.UU., la abrumadora mayoría de los ingresos que percibe la OMS provienen de “donaciones” de empresas, laboratorios, farmacéuticas, compañías de ingeniería genética, químicas y, sobre todo, ONG de los países centrales. Sin los 500 millones de dólares de los EE.UU., el principal cotizante estatal es Gran Bretaña con 195 millones, seguido por China con 57, Japón con 41, Alemania con 29, Francia con 21 y España con 10. Todo el resto de países colabora con cifras muy pequeñas. Argentina contribuye con 4 millones de dólares anuales, la misma cifra que ponen Suecia, Noruega, Dinamarca, Portugal y Finlandia. Podríamos seguir, pero es innecesario. Esos números están lejos de arrimar a los más de 6.000 millones de dólares que requiere el presupuesto anual de la OMS, incluyendo, claro, el mantenimiento de su burocracia. La suma total de los aportes de los casi 200 países miembros no llega a los 1.000 millones, mientras los aportes voluntarios privados superan los 5.000 millones de dólares. De entre esas organizaciones filantrópicas “preocupadas” por la salud humana destaca la ONG Bill y Melinda Gates que este año –en colaboración con un engendro asociado, la GAVI- pone 850 millones de dólares o sea casi lo mismo que 198 países.

Pero el principal problema que surge de esa dependencia económica es que el 93 % de los aportes privados son los denominados “dirigidos”, es decir que es el donante quien determina y monitorea el destino de los mismos, siendo la OMS apenas un órgano administrativo de ejecución, tarea supervisada, además, por la organización contribuyente. Para ser más claros, las ONG y empresas interesadas utilizan el sello, la legalidad, el prestigio, la logística, la información, las instalaciones y el personal de la OMS para llevar a cabo sus propios planes y programas, decididos por ellos en soledad y sin rendir cuentas a nadie. En todo caso, si algo sale mal la responsabilidad caerá sobre los hombros de la OMS.                

En Casa Tomada, espacio comunicacional de Radio  Popular Che Guevara, del día jueves 15 abril, entrevistamos a Carolina Heidenhaim, directora de Comunicación de Médicos Sin Fronteras.

 

 

Para la especialista “las grandes empresas farmacéuticas están regidas por el lucro, esto ya se venía dando pero quizás esta nueva pandemia lo que hizo fue mostrarlo de una forma más global y más evidente. En un contexto de este tipo, así como de muchos otros brotes epidémicos, lo importante sería que la salud fuese considerada como un bien público donde todas las herramientas médicas pudiesen ser accesibles y estén disponibles para todas las personas que la necesitan.”

La pandemia no se acabará hasta que todas las personas del mundo accedan a las herramientas médicas necesarias para tratar el COVID-19. Para Médicos Sin Fronteras una opción para lograr que esto suceda es que los gobiernos exijan la exención de patentes mientras dure la pandemia y hasta que se logre la inmunidad colectiva. A pesar del pedido de la organización, Carolina nos relató que “en estos momentos, todas las vacunas que se han desarrollado (hasta el momento exitosamente) o la mayoría de ellas, pertenecen a grandes monopolios farmacéuticos que de alguna manera, en gran medida, están vendiendo esas vacunas a los países con mayores recursos y eso hace que todavía en muchos países no tengan accesos a las vacunas y que todavía no hayan podido incluso vacunar a sus trabajadores esenciales de primera línea”.

En cuanto a la situación de Palestina, y la ocupación de sus territorios por parte del ente de israel, se le preguntó sobre si han podido realizar un trabajo allí, superando el bloqueo de la fuerza ocupante en cuanto a la circulación de las vacunas: “Desde MSF venimos trabajando ya hace unos años en los territorios palestinos, en la Franja de Gaza. sobre todo brindando atenciones en salud mental a la población local, que es una población enorme dada la situación y en momentos puntuales, momentos más álgidos del conflicto brindando atención médica primera en caso de personas heridas. Hace aproximadamente un mes desde MSF alertamos sobre nuestra preocupación en relación sobre la falta de acceso y disponibilidad de vacunas para la población palestina y es algo que evidentemente estamos viviendo muy de cerca. Para nosotros es esencial que la atención médica sea equitativa para las personas del mundo.”

Para solidarizarse a MSF:  www.msf.org.ar

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