Con total impunidad se pasea por Buenos Aires y es recibido con alfombra roja, el hombre que junto con sus secuaces de la Unión Europea agilizó el apoyo al despliegue militar de la OTAN en favor del sion-nazismo ucraniano representado por Zelensky, y desde sus cargos de Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidente de la UE, fogonea sanciones para todos aquellos países que enfrentan al imperialismo occidental.

Borrell, como patrón de colonias, fomentó (con la anuencia de varios de sus súbditos del continente) la cumbre de cancilleres de la Celac y la Unión Europea (UE), y de paso, aprovechó cada oportunidad para destacar «el rechazo de la región a la guerra de Putin». “América Latina, con muy contadas excepciones, ha estado del lado correcto de la historia. Ha sido la región del mundo, aparte de Europa, que más claramente ha demostrado su rechazo”, confesó a un par de medios locales. Frunció el ceño, claro está cuando se le preguntó sobre si esas «excepciones» eran Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, y más aún, cuando le espetaron sobre la catástrofe económica que reina en Europa por la cruzada pro-guerra de la OTAN, que él tanto apoya.

Para Argentina en particular, este comportamiento colonial del gobierno Fernández al cuadrado, significará lo que son todos los tratados de libre comercio con los poderes imperiales: más perdida de soberanía y nuevos endeudamientos.

¿Quién es Joseph Borrell?

Borrell es catalán, por nacimiento, aunque por opción voluntaria, se define como español. O sea, un converso que renuncia a su propia nacionalidad para adoptar la de quienes ocupan ese país desde hace siglos. Pero para aproximar un juicio de mayor claridad, vale decir que Borrell ha sido y es, un auténtico canalla al servicio del imperio. Un personaje que haciendo gala de su «militancia de izquierda» en el PSOE, participó con otros «mariscales» de su partido en la involución de esa sigla hacia la derecha, no sin antes estar relacionado con las múltiples acusaciones de corrupción, uso de fondos reservados y otras linduras parecidas en la que cayeron desde Felipe González, Alfonso Guerra, José Luis Zapatero y todo el clan de «socioslistos» que los acompañaba. A Borrell le vino al pelo que apenas llegado al Gobierno, Gonzáles (el fundador de los Escuadrones de la Muerte, conocidos con el nombre de GAL) lo nombrara Secretario de Estado de Presupuesto y Gasto Público y posteriormente ministro de Hacienda. Es decir, que se convirtió en el hombre más cerca del dinero, y eso se sabe como casi siempre termina.

Pero hay más en el historial de este personaje. En 1998 en las elecciones primarias de su partido derrotó a Joaquin Almunia, y ya se veía presidente de los españoles. Claro, que fue otra vez Don Dinero el que lo arrastró en la caída y debió renunciar a ese viaje triunfal escándalo de fraude fiscal Con cara de jugador de poker, quiso disimular los motivos de su traspié pero no pudo ocultarse del escándalo que surgió a partir del fraude fiscal de José María Huguete,  un antiguo colaborador suyo cuando era secretario de Estado de Hacienda (por el mismo caso, «Hacienda Catalana», estuvo acusado otro colaborador suyo, Ernesto de Aguiar. Ambos salvaron la ropa de su ministro, aunque fue imposible ocultar que Borrell estaba metido hasta las narices en ese embrollo de corrupción.

En cualquier país que no fuera de la UE, Borrell hubiera sido investigado pero se sabe la red de complicidades que hay en estos casos, asi que el hombre del PSOE siguió su carrera reaccionaria. Por eso fue uno de los puntales del anti-independentismo catalán, escribió un libro patético por lo reaccionario, denostando las ansias de Catalunya de romper amarras con el centralismo español, y fue una de las figuras emblemáticas de la marcha fascistoide contra el Referéndum en Catalunya, aplaudiendo la intervención policial que molió a palos y torturó a la multitud que salió a votar por el Referéndum en 2017.

Llegado al gobierno el otaniano Pedro Sánchez, otro de la camada derechista del PSOE, lo primero que hizo fue nombrarlo a su colega Borrell como ministro de Exteriores, cargo desde el cual armó alianzas con los gobiernos socialdemócratas y derechista de Europa, con los que se ensañaron con los inmigrantes, fomentaron sanciones a los países árabes como Siria e Irak o persas, como Irán.

En el 2019 renunció para pasar a ser Alto Representante de la UE en temas de Relaciones Exteriores y Seguridad, y es precisamente desde este cargo que comenzó a tejer con sus pares estadounidenses una alianza férrea para que la OTAN se desplegara, como luego lo hizo, por todo el territorio europeo. Fue precisamente Borrell quien, al decidirse Rusia a no dejar pasar más provocaciones por parte del nazismo ucraniano contra las Repúblicas de Donetsk y Lugansk, se encargó de coordinar la estrategia de respuesta civil y militar de los estados miembros de la Unión Europea.

Encorcetado en un discurso anti-ruso y de paso anti-comunista, el Alto Representante hostigó verbalmente al canciller Lavrov y puso a disposición de la provocación otaniana todos los recursos militares, primeros de España y enseguida del resto de la UE.

En una de sus tantas comparencias explicando la histérica deriva anti-rusa europea, que llegó a prohibir actuaciones artísticas y deportivas donde hubiera integrantes rusos, o quemar libros de historia y de política contemporánea rusa, el canciller Lavrov, se refirió a Borrell y otros pusilánimes como él, como los «carniceros ideológicos» de la OTAN. Ni más ni menos es este sujeto que por estas horas es recibido en Argentina por Alberto Fernández y el canciller Cafiero o el ministro Juan Cabandié, como si se tratara de un prócer. Aquí bien cabe la frase criolla: «Entre bueyes no hay cornadas», con el perdón de los bueyes por la comparación.


Por Carlos Aznárez, Resumen Latinoamericano, 27 de octubre de 2022.

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