El analista internacional Guadi Calvo explica la guerra actual entre Rusia y Ucrania, los intereses en juego, la injerencia de Estados Unidos y las amenazas de la OTAN que buscan expandirse hasta China.

Por Redacción La tinta

El mundo se encuentra en vilo con la guerra entre Rusia y Ucrania. En los últimos días, las declaraciones oficiales, el tronar de los bombardeos, la tergiversación mediática, la falta de análisis profundos y una desinformación constante marcan el pulso de un nuevo conflicto bélico que castiga, en un principio, a rusos y ucranianos por igual.

En el medio –o, mejor dicho, tras bambalinas-, las operaciones de Estados Unidos y la Unión Europea (UE) se multiplican para castigar al gobierno del presidente Vladimir Putin, al mismo tiempo que esos polos de poder continúan enviando miles de toneladas de armamento a territorio ucraniano.

Al compás que se multiplican los combates, crece el número de refugiados y refugiadas que huyen por las fronteras. En un mundo que todavía no se recupera de la pandemia de coronavirus, otra vez la muerte está a la orden del día.

En diálogo con La tinta, el analista internacional y periodista Guadi Calvo analiza la actual situación en Ucrania, las pujas de poder entre las grandes potencias, los intentos cada vez más abiertos de la Alianza del Tratado para el Atlántico Norte (OTAN) para cercar a Rusia, y augura un futuro en el cual la guerra de hoy puede extenderse por varios años.

—¿Cuáles son las razones concretas que generaron el actual conflicto en Ucrania?

Tras el desmembramiento de la Unión Soviética, cuando el país perdió millones de kilómetros cuadrados propios, entre ellos, las actuales repúblicas del Báltico (Letonia, Estonia y Lituania), Bielorrusia, Moldavia y Ucrania, a lo que habría que sumarle una decena de naciones de Asia Central y del área del mar Caspio. Al mismo tiempo, muchos de sus ex socios del Pacto de Varsovia han ingresado a la OTAN –algo que Washington se había comprometido a evitar-, generando así un arco amenazante en las actuales fronteras rusas. Ucrania es el último eslabón que faltaba para cerrar ese círculo. Algo que Putin, por cuestiones de lógica sobrevivencia, trató de impedir por años con intentos diplomáticos, protestas formales y un largo etcétera de reclamos que nunca fueron atendidos. Frente a la insistencia de la clase política de Kiev, profundamente rusofóbica, la OTAN había allanado todos los obstáculos que impedían el ingreso de Ucrania a la alianza militar. Y esto, en esencia, precipitó la acción rusa.

Moscú también intenta terminar con el genocidio en Donetsk y Lugansk, antiguas regiones ucranianas con fuertes lazos culturales con Rusia, que se escindieron de Kiev tras el golpe fascista de 2014, declarándose independientes. Desde entonces, esas regiones han soportado una guerra que ya ha producido cerca de 15 mil muertos.

—¿Qué intereses disputan hoy en día Estados Unidos y Rusia en la zona de conflicto?

Desde lo macro, hay que entender que Washington ha disfrutado, desde la caída de la Unión Soviética, de una unipolaridad que le permitió, sin ningún tapujo, establecer sus leyes en cualquier lugar del mundo. Tras un largo silencio, a partir de 2013, que para mí tiene como momento fundacional la crisis de Al Ghutta, un barrio de Damasco en Siria, en el que, tras la acción de falsa bandera con la que se quiso responsabilizar al presidente Bashar Al Assad de un ataque con armas químicas contra población civil en el que se estima murieron 1.500 personas, Barack Obama consideró suficiente para intervenir abiertamente en el conflicto que ya llevaba tres años y no había sido resuelto a su favor.

La dura advertencia del presidente Putin disuadió rápidamente a Washington, propinándose una de las más escandalosas reculadas de las que se tenga memoria. Desde entonces, Rusia y el presidente Putin han ido en ascenso en la política internacional para terminar con la unipolaridad, por lo menos desde lo militar, a lo que habría que sumar a China en lo económico. Lo que ha obligado a Washington, que no está viviendo lo mejor de su imperio global, a articular medidas altamente agresivas, como las que vimos en Ucrania, Bielorrusia y Tayikistán. En poco tiempo más, según se resuelva el conflicto en Ucrania, veremos incrementarse este tipo de medidas en Taiwán, Hong Kong y en la provincia musulmana de Xinjiang, áreas muy conflictivas para Beijing.

—Con las operaciones militares de Rusia sobre Ucrania, ¿estamos ante una reconfiguración de la geopolítica a nivel mundial?

Definitivamente estamos en presencia de un hecho que, más allá de cómo se resuelva, va a reconfigurar la tensión mundial. Si Rusia fracasa en su ofensiva contra la OTAN, entraremos en una nueva era de unipolaridad, en la que la nación más asediada será China, mientras que, sin duda, Rusia comenzará un nuevo estadio de balcanización. Si Moscú llegara a alcanzar sus objetivos, comenzaría, ahora sí, una profundización de la decadencia o, por lo menos, una marcada pérdida de influencia norteamericana, que arrastrará a la Unión Europea, si intenta sobrevivir como tal, a un fuerte cambio de paradigma, más allá de que muchas naciones intentarán, como ya lo hizo el Reino Unido, abandonarla. Mientras que China, calladamente, continuará su ascenso y, esta vez, incrementando su faz militar.

—¿Cómo observás la posición de la OTAN y Estados Unidos ante la guerra actual?

—Son protagonistas fundamentales en este conflicto, en el que Ucrania es solo el escenario. Estados Unidos y la OTAN saben que se juegan el todo por el todo, como también lo hace Rusia. Por lo cual, a esta guerra, Occidente la tomó como absolutamente propia, disponiendo de todos sus arsenales, militares, políticos, financieros y propagandísticos. Estos últimos, como no recuerdo haberlos vistos desplegados nunca.

—¿Cuál pensás que es el rol de China hasta ahora con respecto al conflicto ucraniano?

—Hasta ahora, se ha mantenido casi ausente de la crisis. Digamos que por su envergadura, totalmente ausente y eso es muy llamativo, ya que Beijing sabe mejor que nadie que, de caer Rusia, China es la siguiente en la lista. Además, conociendo que sus necesidades vitales son fundamentalmente petróleo y gas, con la sola disminución de esos recursos, alcanzaría para ponerla en jaque.

—¿Se puede pronosticar cuánto durará la actual guerra y sus consecuencias más inmediatas?

—Dado el flujo de recursos militares que la OTAN está aportando a Ucrania y la amenaza de la llegada de contingentes de “voluntarios” de terceros países para luchar contra las tropas rusas -se han detectado 20 mil solo en Polonia-, sumadas las necesidades de Rusia de evitar las fotos de miles de civiles muertos en las calles de Kiev, lo que lo obliga a una guerra casi quirúrgica, el conflicto puede extenderse mucho en el tiempo. Incluso, considero, que más allá de que Moscú pudiera resolver la guerra a su antojo, todos los factores están establecidos para que el Pentágono cree en Ucrania, que tiene 1.500 kilómetros de frontera con Rusia, una guerra de baja intensidad constante, al estilo afgano o checheno. Con el abastecimiento de la OTAN, podría durar años, lo que significaría un desgaste monumental en recursos y hombres, que podría llevar a Rusia a una nueva encrucijada, similar a la que llevó a la Unión Soviética el desastre de Afganistán.

*Por Redacción La tinta / Foto de portada: Reuters.

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