Por Melina Sánchez

Marcelo Quispe es de Jujuy, pero vivió un poco en todos lados, en Salta, en Buenos Aires, en Rosario. También estuvo de gira con sus títeres, un poco en el sur, un poco en Bolivia. De todos esos lugares ha de ser que nacen todos sus oficios y los distintos públicos a los que está destinada su obra. Mientras difunde en las escuelas de Rosario el libro que publicó en 2020: Mainumbí y la cajita luna, hay otro pronto a salir.

Nos cuenta que en Rosario hay 30 mil hermanos y hermanas indígenas. Son 34 las escuelas bilingües en Santa Fe. Hay maestros bilingües, hermanos de la comunidad Qom, que enseñan la lengua, y otros que enseñan artesanías, pocos, pero hay, también músicos raperos, en general son idóneos -no tienen título, sino conocimiento de la lengua, tal como sucede en otras provincias-.

Son alrededor de cincuenta las escuelas que trabajan con su poemario a menos de un año de publicado, y se sigue difundiendo, de boca en boca, entre docentes. Lo acompaña el gremio, AMSAFE, de otra forma no podría visitar dos escuelas por semana hablando de su libro para las infancias que salió en plena pandemia en 2020. Lleva a sus títeres también con él, es titiritero porque estudió en la Escuela Municipal de Avellaneda cuando vivía en Buenos Aires, pero además parece que lo suyo es la combinación de distintas facetas –es maestro, titiritero, dibujante, comunicador, gremialista, escritor, militante indígena- ¿cómo se hace para combinar todas esas cosas? No sabemos si conoce la respuesta, pero lo lleva a la práctica.

Se dice que los libros infantiles tienen tres lectores y en este orden: primero los leen les maestres, luego los leen las familias, recién después los leen las niñeces. Sus poemas tienen como primeres lectores a docentes y a niñes de la escuela primaria. En ellos, como en las antiguas fábulas y en las leyendas latinoamericanas, son protagonistas animales y elementos de la naturaleza. Desde esa selva imaginaria donde conviven la luna, que es una caja coplera, con el colibrí, y el yaguareté con los peces, es que ensaya la construcción de un mundo donde se nombre a todes, porque el mundo ya es diverso, lo que es difícil es que sea nombrado. Este cuarto libro suyo –cuarto en línea de publicación, porque hay dos más por salir, uno ya en imprenta, otro por terminarse de escribir- viene con actividades, esas actividades son introductorias justamente a ese país del que poco se habla en los manuales escolares, destinado al ciclo básico, solo menciona nombres de animales en esas actividades, pero algunos de esos nombres están en lengua indígena o refieren a paisajes originarios, y el chiste es que les chiques por medio de esas menciones tengan acceso a algunos elementos de esa naturaleza indígena. Por una rendija se cuelan el norte andino, el litoral guaranítico y el Río Paraná.

Los poemas completan su sentido con las ilustraciones que él mismo hace, con los títeres que de ellos se hicieron -les docentes que leyeron su obra, les chiques y él mismo-, con las presentaciones que con ellos hace en diferentes escuelas, e inclusive con la musicalización de varios de sus poemas que fueron haciendo colegas artistas o maestres que trabajan sus contenidos en el aula. Aunque está en proceso todavía piensa hacer un material pedagógico con esas producciones.

Juana Azurduy niña. Ilustración: Marcelo Quispe

El año que viene sus textos formarán parte del Plan Nacional de Lectura. Marcelo, además de ser militante de pueblos originarios lo ha sido, desde los trece años de organizaciones que engloban reivindicaciones más amplias. Por eso viajó a Bolivia con sus títeres a ver y a acompañar la asunción de Evo, estuvo en varios espacios de construcción popular:el Movimiento Pachakutij, las Bartolinas, y el espacio de las juventudes del MAS. Por ese entonces, Bush acusaba de terrorista al ahora ex presidente, así que escribió una obra donde polemizaba con eso e invitaba al debate a la audiencia.

Algunos de sus poemas se están traduciendo al otomí, su traductora es Angélica María Oropeza Ríos, quien estudió el Diplomado de lenguas indígenas en la Universidad de Querétaro y actualmente prepara un blog para contribuir a la revitalización de esta lengua, que es una de las más antiguas de Mesoamérica. El poemario Mainumbí y la cajita luna, que en Rosario salió por la Editorial Último recurso, en la Colección Jallalla, que se inauguró con su obra, se publicó también en Finlandia en una página que leen hispanohablantes radicades en ese país.

Los sábados conduce el programa de radio Susurros del río, que se puede escuchar por internet. Allí la cuestión indígena y la literatura infantil son columnas permanentes. Por el programa pasan varies compañeres luchadores y artistas vinculades a pueblos originarios, desde músiques folcloristas a raperos indígenas.

Su tercer libro: Yacireí, que reeditó la Editorial Pesada Herencia, son poemas sobre mujeres campesinas, indígenas, pobres, y sobre figuras literarias e históricas como Alfonsina Storni, Juana Azurduy, Bartolina Sisa, Lola Mora, Luzmila Carpio. Quizás su hija adolescente, Inti, que ha participado de todos los encuentros de mujeres desde su primer año de vida sea quien más lo inspire en esa de-construcción que ejercita desde hace tiempo, y sus compañeras de militancia. Promete profundizar la temática con el poemario que está en imprenta.

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